Si acabas de darte de alta como autónomo, los "modelos" de Hacienda pueden parecer un galimatías de números. La realidad es que, una vez entiendes qué es cada uno, el sistema tiene su lógica. Vamos a ver los principales modelos trimestrales y para qué sirve cada uno.
Es probablemente el más conocido. Con el modelo 303 declaras el IVA: la diferencia entre el IVA que has cobrado a tus clientes (IVA repercutido) y el que has pagado en tus gastos (IVA soportado). Si has cobrado más del que has pagado, ingresas la diferencia; si es al revés, queda a tu favor.
Se presenta trimestralmente, en los primeros 20 días de abril, julio y octubre, y hasta el 30 de enero para el último trimestre del año.
Con el modelo 130 vas adelantando trimestralmente una parte de tu IRPF (el impuesto sobre la renta), en función de tus beneficios. Es como ir pagando "a plazos" lo que luego ajustarás en la declaración anual de la renta. Lo presentan los autónomos en estimación directa que no tienen la mayoría de sus ingresos sujetos a retención.
No todos los autónomos presentan el modelo 130. Si la mayor parte de tus facturas ya llevan retención de IRPF (habitual cuando facturas a empresas), puede que no estés obligado. Es uno de esos puntos donde conviene verificar tu caso concreto.
Si tienes trabajadores o pagas a otros profesionales que te aplican retención en sus facturas, con el modelo 111 ingresas en Hacienda esas retenciones. Es decir, el dinero que has "retenido" en nombre de Hacienda y que tienes que entregarle cada trimestre.
Si alquilas un local u oficina para tu actividad, normalmente retienes una parte del alquiler para Hacienda. El modelo 115 sirve para ingresar esas retenciones trimestralmente.
Además de los trimestrales, existen modelos anuales que resumen todo el año: el modelo 390 (resumen anual del IVA), el modelo 190 (resumen de retenciones) y, por supuesto, la declaración de la renta (modelo 100).
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